"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca".
Jorge Luis Borges

domingo, 23 de julio de 2017

La pulsera


Este cuento pertenece al libro Cuentos para entender el mundo 2 de Eloy Moreno

LA PULSERA
Un joyero venía observando ya durante un tiempo cómo una niña se detenía delante del escaparate de su establecimiento y se quedaba mirando una bonita pulsera de oro.
 
Así pasaron varias semanas hasta que, un día, la niña se decidió a entrar:
-¡Hola! -dijo la pequeña.
-¡Hola! -contestó educadamente el joyero-. ¿En qué puedo ayudarte?
-¿Me puede usted enseñar esa pulsera que hay en el escaparate, la dorada?
-Claro que sí -le respondió.
 
La niña la cogió y comenzaron a temblarle las manos mientras la acariciaba con sus dedos. En ese momento el joyero pudo ver cómo unas lágrimas de emoción brotaban de sus ojos.
-Es que me gustaría regalársela a mi madre, pues hoy es su cumpleaños y me está ayudando mucho en mis estudios. Se pasa el día trabajando, y cuando llega cansada por la tarde se queda conmigo haciendo los deberes hasta que consigo entenderlos.
-Sí, seguro que le encantará, es preciosa -le contestó el joyero.
-¿Cuánto vale? -preguntó la niña.
-¿Cuánto tienes? -le respondió el hombre.
 
La niña sacó una pequeña bolsa repleta de monedas y las dejó sobre el mostrador.
-Es que he estado ahorrando durante muchos meses.
 
-Bien, veamos qué hay por aquí... -contestó el joyero mientras contaba el dinero- a ver... ¿no tienes nada más, pequeña?
-Bueno, sí, espere... -dijo mientras metía sus manos en los bolsillos y continuaba sacando varias monedas más, un pequeño billete arrugado, un anillo de plástico, un coletero rosa y dos caramelos de fresa.
-A ver... creo que sí, creo que con esto será suficiente -le respondió el joyero mientras recogía todo lo que la niña había dejado en el mostrador- ¿Quieres que te la envuelva para regalo?
-¡Sí, sí! -exclamó la niña ilusionada.
Tras unos minutos, el joyero le dio el paquete y la pequeña se llevó la joya.
 
A la mañana siguiente, la madre de la niña se presentó en el establecimiento con la pulsera en su estuche.
-Hola -saludó nada más entrar.
-Hola -le saludó también el joyero-, ¿en qué puedo ayudarle?
-Verá, es que ayer por la tarde, mi hija me regaló esta pulsera para mi cumpleaños y me dijo que la había comprado aquí.
-Sí, así es -contestó el joyero mientras la observaba-, yo mismo se la vendí.
-Pero... pero creo que debe haber un error porque... esta pulsera es de oro, ¿verdad?
-Sí, por supuesto, aquí solo vendemos productos de primera calidad.
-Entonces no lo entiendo, mi hija jamás podría pagar una joya así, no tiene tanto dinero, ¿cuánto le ha costado?
-Verá -le contestó seriamente el joyero-, en este establecimiento tenemos por costumbre mantener la confidencialidad de nuestros clientes, así que, sintiéndolo mucho, no puedo darle esa información.
-Pero... -protestó la madre.
-Lo que sí puedo decirle es que su hija pagó por esta pulsera el precio más alto que puede pagar una persona.
-¿Qué quiere decir? -contestó la madre preocupada.
-Su hija me dio todo lo que tenía.

2 comentarios:

  1. Magnífico ejemplo de cariño y aprecio. Me ha encantado.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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